Horror Económico - No es necesario que todo el mundo trabaje

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Horror Económico - No es necesario que todo el mundo trabaje

Mensaje  Admin el Mar 8 Dic - 3:51

No es necesario que todo el mundo trabaje


La nuevas tecnologias superiores hacen que no se requiera de tanta mano de obra y algunos tendran que quedar fuera del sistema. Nos guste o no se devera cambiar el sistema viejo en el que todos tienen empleo por uno nuevo en el que menos personas trabajen pero así mismo todos se alimenten.


El horror económico

En la primera década del siglo XXI se ha producido una mutación tan violenta que millones de seres humanos ya no sirven siquiera para ser explotados: tal es la tesis del libro El horror económico de Viviane Forrester que está conmocionando Europa.

Niko Schvarz

Viviane Forrester, su autora, era conocida por sus ensayos literarios sobre Virginia Woolf, una biografía novelada de Van Gogh, una decena de novelas y relatos y sus críticas literarias en Le Monde.

Bruscamente, incursionó en el tema de la economía globalizada y de la noche a la mañana se encontró con que su libro -aparte de conocer una difusión galopante, que determinó reediciones sucesivas- era esgrimido en las manifestaciones por los trabajadores enfrentados a las consecuencias de la política económica del gobierno francés y en particular a la desocupación, tema central de El horror económico. En verdad, no se trata de un estudio denso plagado de cifras. Los datos estadísticos son escuetos, pero no por ello menos contundentes.

El problema es analizado en su integridad, en sus proyecciones ramificadas sobre el planeta. Lo más apreciable es su reflexión sobre las derivaciones humanas y sociales de la orientación económica impuesta al mundo, incluso sobre la vida diaria y la psicología del desocupado. Y se aleja del panfleto o la diatriba por la audacia del planteo, que procura mirar la realidad y sus perspectivas, por dramáticas que sean, al fondo de los ojos. También por una prosa tersa, poética de a ratos, obra en suma de una escritora de raza.

Su esencia está sintetizada en estos términos: "Estamos tropezando con una realidad terrible. Existe algo peor que la explotación de los hombres: es el hecho de que ahora millones de seres humanos ya no sirven siquiera para ser explotados. El concepto de trabajo, que era el fundamento de nuestra civilización, ha caducado. Mienten los políticos -y probablemente parte de ellos se mientan a sí mismos- cuando hablan de crisis económicas pasajeras, transitorias, coyunturales. Se trata de una mutación violenta, de una mutación brutal de la civilización occidental, cuyas consecuencias pueden ser aun peores que las que sufrimos hoy (...). No un período de crisis, sino una nueva modalidad de civilización ya organizada, cuya lógica supone la eliminación del empleo, la extinción de la vida asalariada, la marginalización de la mayoría de los humanos; no un descaecimiento pasajero, sino un régimen nuevo, dominador".

La magnitud del fenómeno se expresa en datos como que entre 1979 y 2000 el número de desocupados en los siete países más ricos pasó de 13 a 24 millones, cifras que no toman en cuenta los 4 millones que ya dejaron de buscar trabajo ni los 15 millones condenados a aceptar empleos precarios y de tiempo parcial, y que por tanto "no reflejan cabalmente la tragedia de estos millones de destinos humanos arruinados", apunta Forrester.

Hay alrededor de 120 millones de desocupados en el mundo, 35 millones de los cuales en los países industrializados (18 en Europa). Para establecer una situación decente en el planeta sería necesario crear 1.000 millones de nuevos empleos en los próximos diez años.

La crítica literaria consumada en Viviane Forrester reaparece para comparar el estrechamiento del mercado de trabajo con la piel de zapa de la novela de Balzac. Como consecuencia, "un número considerable de seres humanos ha dejado de ser necesario al pequeño número de quienes modelan la economía y detentan el poder. Multitudes de personas se encuentran así sin razón razonable de vivir en el mundo en que advinieron a la vida. Su presencia no corresponde ya a la lógica reinante. Su número es excedente".

La autora se refiere a la angustia y la desesperación del que sale cada día en busca de un trabajo cada vez más esquivo. Traza el perfil psicológico de quienes vegetan en los guetos de la periferia (ayer obreros, hoy desocupados); habla de "la lentitud extrema de los días que se arrastran", de "estos muchachos y muchachas acusados como si fuesen culpables de habitar las zonas marginales y cuya existencia funciona como una pesadilla vaga y sin fin". Alude al racismo y la xenofobia, promovidos para escamotear el problema real y enfrentar a los pobres contra los pobres, los oprimidos contra los oprimidos.

Señala, en síntesis, "el hiato instaurado entre una economía de mercado, que se ha vuelto propietaria exclusiva de este mundo, y quienes lo habitan, prisioneros de su geografía". La conclusión es patética, pero resuena a la vez como un alerta: "Jamás el conjunto de los seres humanos se ha visto tan amenazado en su supervivencia".

Lógica interna

"Mi meta fue desnudar la lógica interna, implacable, de esta economía de mercado a escala planetaria, lógica que las declaraciones sibilinas de los tecnócratas internacionales y los discursos demagógicos de los políticos de toda índole nos impiden percibir", escribe Forrester. Y agrega: "Un desocupado sufre actualmente las consecuencias de una lógica planetaria que supone la supresión de lo que se llama trabajo, es decir, de los empleos". Las redes tentaculares de las transnacionales se han instalado como un poder mundial, omnímodo. Por encima de los estados, que al lado de ellas "adquieren la imagen de simples municipalidades". Si en algunos países o regiones (que antes fueron colonizados, despojados, saqueados) la mano de obra no vale nada, o casi, hacia allí se dislocan, dejando el tendal de desocupados en los países de origen. O bien superexplotan a los inmigrantes desde esas zonas, víctimas por añadidura de la xenofobia rampante.

Es un neocolonialismo a dos puntas. Que tiene además los dones de la ubicuidad, de la simultaneidad, de la sincronización, porque la trama informática al servicio de las inter-multi-trasnacionales ha abolido el espacio y el tiempo. Están a la vez aquí y en todas partes, como Dios.

En resumidas cuentas: "Estas redes económicas privadas dominan cada vez más los poderes estatales; lejos de estar controladas por ellos, son ellas las que los controlan y forman una especie de nación que, por encima de todo territorio, de toda institución gubernamental, ordena y manda en grado creciente a los órganos de gobierno de los distintos países, por intermedio de organizaciones de poderío considerable como el Banco Mundial, el FMI y la OCDE". Esas organizaciones proclaman a su vez sus objetivos en lenguaje descarnado, sin muchas vueltas. "Para lograr un ajuste salarial determinado, se requiere un nivel más elevado de desempleo coyuntural", dice la OCDE. El Banco Mundial precisa: "Una flexibilidad acrecentada del mercado de trabajo es esencial para que todas las regiones emprendan reformas en profundidad".

El FMI se suma al coro: "Los gobiernos europeos deben lanzarse con audacia a una reforma a fondo de los mercados de trabajo. La flexibilización de éstos pasa por la reformulación del seguro de desempleo, del salario mínimo legal y de la legislación que protege el trabajo".

DESREGULACION DEL TRABAJO

En un reciente reportaje sobre su libro, Forrester advierte sobre la actual ofensiva desreguladora de patronales, gobiernos y organismos financieros internacionales. "No se requiere ser autor de novelas de ciencia ficción para imaginar lo que nos espera: al lado de millones de personas definitivamente excluidas del mundo del trabajo, veremos a otros millones de esclavos laborales modernos recibiendo migajas de empleos, aceptando cualquier trabajo en cualquier condición.

Luego deberán soportar períodos de inactividad, sin salario, durante los cuales deberán estar siempre disponibles, a la espera de nuevas limosnas de trabajo.

Eso comienza a darse ya en Europa." Y no sólo en Europa. En América latina se constató el elevado nivel de desempleo, luego de que el ex presidente del BID, Enrique Iglesias, reconociera que en América Latina los niveles de pobreza se mantienen en el entorno del 40 por ciento, el desempleo sigue siendo un problema de fondo, con sus correlatos de exclusión y marginalidad, y que el crecimiento macroeconómico de la región no se ha traducido en una mejora en las condiciones de vida de las poblaciones.

POTENCIAL EXPLOSIVO

La autora se levanta contra la idea -que los difusores del "pensamiento único" procuran viabilizar- de que la tremenda realidad actual sea fruto de una fatalidad ineluctable. Sostiene (cartesianamente) que en primer lugar hay que pensar bien el problema, adquirir una visión clara y distinta a partir de un examen minucioso del mundo contemporáneo.

Polemiza con los slógans en boga (por ejemplo, que hay que contemplar adecuadamente a los capitales, porque de lo contrario se irán). Piensa que sería maravilloso poder utilizar los fabulosos logros de la revolución científico-tecnológica para liberar a la humanidad de la maldición bíblica del trabajo.

Pero se resiste a inventar soluciones simplistas. No obstante, en la citada entrevista (quizá por motivo de la ola de acciones de múltiples sectores en París y en las provincias, mientras la desocupación trepaba a la cifra récord del 13 por ciento, apuntaba: "La gente está enardecida. El ambiente es explosivo. No digo que explotará mañana. Pero el potencial explosivo allí está".

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