El Entrenamiento de los psíquicos en la nueva era

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El Entrenamiento de los psíquicos en la nueva era

Mensaje  Admin el Mar 17 Nov - 4:05

I.El Entrenamiento de los Psíquicos

Ante todo debe tenerse presente que la mediumnidad y el psiquismo negativo e ignorante, reducen a sus exponentes al nivel de un autómata; es peligroso y no aconsejable, porque priva al hombre de su libre albedrío y su positivismo, y milita en contra de su actuación como ser humano libre e inteligente. El hombre, en estos casos, no actúa como canal de su propia alma, es algo mejor que un animal instintivo, si literalmente no es un cascarón vacío, el cual puede ser ocupado y utilizado por una entidad obse­sora. Al hablar así me refiero al tipo más bajo de mediumnidad animal que existe en exceso en estos días y preocupa a las mejores mentes de los movimientos que fomentan la mediumnidad. La mediumnidad puede ser buena y correcta cuando se adopta una acti­tud enfocada, plenamente consciente, donde el médium, a sabiendas e inteligentemente, desocupa su cuerpo para dar entrada a una entidad de la cual es plenamente consciente y que se posesiona de él, permitiéndole conscientemente servir a algún fin espiritual y ayudar a sus semejantes. Pero ¿cuántas veces se ve este tipo de mediumnidad? Muy pocos médium conocen la técnica que rige la entrada y salida de una entidad animadora, ni saben cómo llevar a cabo este trabajo, de modo de no dejar en ningún momento de ser conscientes de lo que están haciendo y del propósito de su acti­vidad. Con definida intención ceden momentáneamente su cuer­po a otra alma, para que preste servicio, conservando su propia integridad todo el tiempo. La expresión más elevada de este tipo de actividad fue la cesión de su cuerpo por el discípulo Jesús para ser empleado por el Cristo. En la palabra servicio está contenida toda la historia y protección. Cuando esta verdadera mediumnidad sea mejor comprendida, el médium entrará y saldrá de su cuerpo en plena conciencia vigílica a través del orificio situado en la cima de la cabeza y no como sucede ahora, en la mayoría de los casos, a través del plexo solar, sin tener conocimiento de la transacción ni recuerdo de lo transcurrido.

Entonces entrará momentáneamente el nuevo ocupante me­diante la vibración sincronizada a través del orificio de la cabeza y el consiguiente empleo del instrumento, facilitado para prestar algún tipo de servicio. Pero este procedimiento nunca deberá se­guirse para satisfacer la vana curiosidad o un sufrimiento análo­gamente vano, basado en la soledad y en la autoconmiseración personales. En la actualidad muchos de los médium de tipo infe­rior son explotados por el público curioso o infeliz, y por esos peculiares seres humanos cuya conciencia está centrada totalmente abajo del diafragma y cuyo plexo solar es en realidad su cerebro (como lo es el del animal), viéndose obligados a actuar como mé­dium para satisfacer el amor a la sensación o el ansia de consuelo de sus semejantes, igualmente ignorantes.


También hay médium, de orden superior, que ofrecen sus vidas para servir a las almas avanzadas que están en el más allá, a fin de que sus semejantes las conozcan, de allí que tanto aquí como en el más allá, hay almas que reciben ayuda y se les da la oportunidad de oír o de servir. Pero también se beneficiarían me­diante un entrenamiento más inteligente y una comprensión más exacta de la técnica de su trabajo y la organización de sus cuer­pos. Entonces serían mejores canales e intermediarios más seguros.


Ante todo, los psíquicos del mundo deberán captar la necesidad de controlar y no de ser controlados; comprender que todo lo que hacen puede ser hecho por cualquier discípulo entrenado de la Sabiduría Eterna, si la ocasión lo exige y las circunstancias jus­tifican tal despliegue de fuerza. Los psíquicos son fácilmente enga­ñados. Por ejemplo, es evidente que existe en el plano astral una forma mental de mí mismo, vuestro hermano Tibetano. Quienes han recibido las instrucciones mensuales del grado de discípulos, los que han leído los libros que di al mundo con la ayuda de A.A.B. y también aquellos que trabajan en mi grupo personal de discípulos natural y automáticamente, han ayudado a construir esta forma mental astral. No soy yo, ni está ligada a mí, tampoco la empleo. Me he disociado definitivamente de la misma y no la uso como medio para entrar en contacto con quienes enseño, porque decidí trabajar totalmente en niveles mentales, limitando por ello, sin duda, mi campo de contactos, pero aumentando la efectividad de mi trabajo. Esta forma mental astral es una distorsión de mi persona y de mi trabajo, y es inútil
decirlo que se parece a un cas­carón animal energetizado.


Debido a que esta forma contiene mucha sustancia emocional y también cierta cantidad de sustancia mental, puede tener un amplio atractivo, y su validez es análoga a la de todos los cascarones con los que se entra en contacto, por ejemplo en las sesiones mediumnímicas, y se presenta como si fuera yo, y cuando la intui­ción no está despierta la ilusión es completa y real. Por lo tanto, los devotos pueden sintonizarse con gran facilidad con esta forma ilusoria y ser totalmente engañados. Su vibración es de un orden relativamente elevado. Su efecto mental es como una bella parodia de mí mismo y sirve para poner a los devotos engañados en con­tacto con los papiros de la luz astral, que son el reflejo de los re­gistros akáshicos, los cuales se trasforman en los rollos etéricos donde está inscripto el plan para nuestro mundo y del cual, quie­nes enseñamos, extraemos datos y gran parte de nuestra infor­mación. Esto lo distorsiona y aminora la luz astral. Debido a que esta imagen es distorsionada, actúa en los tres mundos de la forma y carece de una fuente valedera superior a la de la forma que contiene en sí las simientes de la separatividad y del desastre. De ella emanan ciertos tipos de alabanza, las ideas de separativi­dad, los pensamientos que nutren la ambición y fomentan el amor al poder y esos gérmenes de deseo y de anhelo personal que di­viden a los grupos. Las consecuencias son muy penosas para los que han sido engañados así.


Quisiera señalar además, que la mediumnidad de trance, tal como se la llama, debe ser inevitablemente reemplazada por esa mediumnidad del hombre o la mujer clarividente o clariaudiente en el plano astral y que, por lo tanto, en plena conciencia vigílica y con el cerebro físico alerta y activo, puede ofrecerse como inter­mediario entre los hombres que poseen cuerpos en el plano físico (y, por lo tanto, son ciegos y sordos en niveles sutiles) y quienes han descargado sus cuerpos, y están impedidos de toda comunica­ción física. Este tipo de psíquico puede
comunicarse con ambos grupos, y su valor y utilidad como médium está más allá de todo cálculo cuando tiene una mente centrada o altruista, pura y dedi­cada al servicio. Pero en el entrenamiento al que se sometan de­berán evitar los actuales métodos negativos y, en vez de “tratar de desarrollar la mediumnidad” en un silencio vacuo y expectante, deben esforzarse por actuar positivamente como almas, y perma­necer consciente e inteligentemente en posesión del mecanismo inferior de sus cuerpos; además deben saber qué centro de ese cuerpo emplean mientras trabajan psíquicamente, y aprender a observar, como almas, el mundo de ilusión en el cual emprenden el trabajo; desde su posición elevada y pura deben ver con nitidez, oír con claridad e informar con exactitud, y de este modo servir a su era y generación, haciendo del plano astral un lugar bien cono­cido de actividad familiar y acostumbrando al género humano a llevar una existencia donde sus semejantes experimenten, vivan y sigan el sendero.


No puedo explayarme sobre la técnica de dicho entrenamiento. El tema es demasiado vasto para un breve artículo. Pero sí digo, enfáticamente, que es necesario un entrenamiento más cuidadoso y sensato y el empleo más inteligente del conocimiento que, si se lo busca, está. disponible. Apelo a todos los que se interesan en des­arrollar el conocimiento psíquico a fin de estudiar, pensar, expe­rimentar, enseñar y aprender, hasta el momento en que el nivel de los fenómenos psíquicos haya sido elevado de su actual posición de ignorancia especulativa y negativa a otra de firme seguridad, de probada técnica y de expresión espiritual. Exhorto a los movi­mientos tales como las Sociedades de Investigaciones Psíquicas del mundo y al vasto movimiento espiritista, para que pongan el én­fasis sobre la expresión divina y no sobre los fenómenos; que aborden el tema desde el ángulo del servicio, y lleven sus investiga­ciones al reino de la energía y cesen de brindar al público lo que éste desea. La oportunidad que se les ofrece es grande y la nece­sidad de su trabajo vital. El servicio prestado ha sido real y esen­cial, pero si estos movimientos quieren aprovechar la afluencia entrante de energía espiritual, deben trasladar su atención a la esfera de los valores verdaderos. El entrenamiento del intelecto y la presentación al mundo de un grupo de psíquicos inteligentes, debería ser uno de los objetivos principales, entonces el plano astral será para ellos sólo una etapa en el camino a ese mundo donde se encuentran todos los Guías y Maestros espirituales y desde donde todas las almas vienen a la encarnación y vuelven del lugar de experiencia y experimento.


Quizás se pregunten qué terreno debería abarcar este entre­namiento. Sugeriría que la enseñanza se diera sobre la naturaleza del hombre y el propósito y los objetivos del alma; podría ofrecerse también entrenamiento sobre la técnica de expresión, y darse ade­más una cuidadosa instrucción sobre el empleo de los centros del cuerpo etérico, y el desarrollo de la capacidad para mantener in­cólume la actitud del observador positivo, que es siempre el factor director controlante. Deberá hacerse un cuidadoso análisis del tipo y del carácter del psíquico y luego aplicar métodos diferencia­dos y adecuados para que pueda progresar con menor dificultad. Las escuelas y clases de entrenamiento, que tratan de desarrollar al estudiante, deben ser graduadas de acuerdo a la etapa de evo­lución y deberá evitarse el ingreso en un grupo, con la esperanza optimista que algo sobrenatural le suceda.


La meta para el psíquico negativo de grado inferior debería ser el entrenamiento de la mente y el cierre del plexo solar, hasta el momento en que pueda funcionar como verdadero mediador; si esto involucra la cesación temporaria de sus poderes mediumní­micos (y, por lo tanto, de su explotación comercial), entonces tanto mejor para él, considerándoselo como alma inmortal, espiritual­mente útil, que tiene también un destino espiritual.


La instrucción dada al médium y psíquico inteligente debe con­ducirlo a una plena comprensión de sí mismo y de sus poderes; debería desarrollar esos poderes con cuidado y sin riesgo y estar bien afianzado en la posición del factor controlante positivo. Sus poderes clarividentes y clariaudientes deberían ser gradualmente perfeccionados, cultivándose la correcta interpretación de lo que ve, con lo cual entra en contacto en el plano de la ilusión, el astral.


Veremos así emerger gradualmente en el mundo un gran gru­po de psíquicos entrenados cuyos poderes son comprendidos, actuan­do en el plano astral con tanta inteligencia como cuando lo hacen en el plano físico, y preparándose para expresar los poderes psí­quicos superiores –percepción y telepatía espirituales. Estas per­sonas constituirán oportunamente un grupo de almas vincula­doras, mediando entre les que no pueden ver ni oír en el plano astral, por ser prisioneros del cuerpo físico, y los que son igual­mente prisioneros del plano astral, por carecer del mecanismo fí­sico de respuesta.
Por lo tanto, la gran necesidad no es de que cesemos de consultar y entrenar a nuestros psíquicos y médiums, sino de que los entrenemos correctamente y los protejamos inteligentemente, vin­culando así, por su intermedio, los dos
mundos, el físico y el astral.

En el entrenamiento al que se sometan de­berán evitar los actuales métodos negativos y, en vez de “tratar de desarrollar la mediumnidad” en un silencio vacuo y expectante, deben esforzarse por actuar positivamente como almas, y perma­necer consciente e inteligentemente en posesión del mecanismo inferior de sus cuerpos; además deben saber qué centro de ese cuerpo emplean mientras trabajan psíquicamente, y aprender a observar, como almas, el mundo de ilusión en el cual emprenden el trabajo; desde su posición elevada y pura deben ver con nitidez, oír con claridad e informar con exactitud, y de este modo servir.



Tecnica: Cuidadosa instrucción sobre el empleo de los centros del cuerpo etérico, y el desarrollo de la capacidad para mantener in­cólume la actitud del observador positivo, que es siempre el factor director controlante.



Que exelente es esta parte donde esplica lo que el psiquico (engañado) vé
y que lo experimentado en verdad es un cascaron astral, un "loro que repite todo"...

Los psíquicos son fácilmente enga­ñados. Por ejemplo, es evidente que existe en el plano astral una forma mental de mí mismo, vuestro hermano Tibetano. Quienes han recibido las instrucciones mensuales del grado de discípulos, los que han leído los libros que di al mundo con la ayuda de A.A.B. y también aquellos que trabajan en mi grupo personal de discípulos natural y automáticamente, han ayudado a construir esta forma mental astral. No soy yo, ni está ligada a mí, tampoco la empleo. Me he disociado definitivamente de la misma y no la uso como medio para entrar en contacto con quienes enseño, porque decidí trabajar totalmente en niveles mentales, limitando por ello, sin duda, mi campo de contactos, pero aumentando la efectividad de mi trabajo. Esta forma mental astral es una distorsión de mi persona y de mi trabajo, y es inútil
decirlo que se parece a un cas­carón animal energetizado.

Debido a que esta forma contiene mucha sustancia emocional y también cierta cantidad de sustancia mental, puede tener un amplio atractivo, y su validez es análoga a la de todos los cascarones con los que se entra en contacto, por ejemplo en las sesiones mediumnímicas, y se presenta como si fuera yo, y cuando la intui­ción no está despierta la ilusión es completa y real. Por lo tanto, los devotos pueden sintonizarse con gran facilidad con esta forma ilusoria y ser totalmente engañados. Su vibración es de un orden relativamente elevado. Su efecto mental es como una bella parodia de mí mismo y sirve para poner a los devotos engañados en con­tacto con los papiros de la luz astral, que son el reflejo de los re­gistros akáshicos, los cuales se trasforman en los rollos etéricos donde está inscripto el plan para nuestro mundo y del cual, quie­nes enseñamos, extraemos datos y gran parte de nuestra infor­mación. Esto lo distorsiona y aminora la luz astral. Debido a que esta imagen es distorsionada, actúa en los tres mundos de la forma y carece de una fuente valedera superior a la de la forma que contiene en sí las simientes de la separatividad y del desastre. De ella emanan ciertos tipos de alabanza, las ideas de separativi­dad, los pensamientos que nutren la ambición y fomentan el amor al poder y esos gérmenes de deseo y de anhelo personal que di­viden a los grupos. Las consecuencias son muy penosas para los que han sido engañados así.

Quisiera señalar además, que la mediumnidad de trance, tal como se la llama, debe ser inevitablemente reemplazada por esa mediumnidad del hombre o la mujer clarividente o clariaudiente en el plano astral y que, por lo tanto, en plena conciencia vigílica y con el cerebro físico alerta y activo.


Parravicini dice que el ser humano del futuro sera clarividente de un tipo superior y en esto coincide claramente como puede ver con A.A.B.

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