Cambio climático: ¿Podemos evitar el Apocalipsis? Enero/2010

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Cambio climático: ¿Podemos evitar el Apocalipsis? Enero/2010

Mensaje  Marcelo el Lun 18 Ene - 15:39

Cambio climático: ¿Podemos evitar el Apocalipsis?
07/01/2010

Autor: Germinio


El primer impacto del calentamiento progresivo que está experimentando la Tierra ya se está notando en los Polos. Primero se fundirán los hielos flotantes y más tarde los hielos que se asientan sobre Groenlandia y la Antártida.
Esto tendrá dos efectos inmediatos: (a) subirá el nivel de las aguas y (b) la tierra oscura bajo el hielo será más absorbente de la radiación solar que antes, cuando tenía hielo blanco encima, mayor calentamiento.

Ambos efectos contribuirán a un cambio climático que ya es irreversible.

La subida de las aguas marinas producirá inundaciones permanentes en zonas bajas y deltas donde se asientan cientos de millones de personas, en ciudades y países costeros como Nueva York, Miami, Londres, Valencia, Barcelona, Holanda entera, Bangladesh, Sri Lanka, Calcuta, Bombay, Shangai,. . . Tokio, Río, Buenos Aires, Jakarta, El Cairo, el Mekong, en todas las instalaciones portuarias del mundo,. . . Eso producirá pérdidas de cubierta vegetal que hoy produce nubes que reflejan la radiación solar,. . . mayor calentamiento.

El mayor calentamiento producirá sequías y pérdida de cosechas, en todas partes, excepto en selvas tropicales próximas a esos mares donde habrá más lluvia. En los hemisferios Norte y Sur, en su respectivo verano se producirán sequías más intensas. Eso ya ha empezado en África y en Australia, donde hay grandes zonas que llevan más de quince años sin ver la lluvia. Menos cosechas implican menor fotosíntesis, menor reciclaje de CO2, mayor efecto invernadero, . . . mayor calentamiento.

En verano de 2007 en el Polo Norte se fundieron 3 millones de KM2 más de lo habitual. Las mediciones del hielo polar en Septiembre de cada año, anteriores a 1980 lo establecían en unos 10 millones de KM2. Las previsiones del IPCC son que se fundirá más o menos aceleradamente al principio y linealmente después, durante el S XXI. Pues bien, las mediciones de 2007 lo fijan en 4 millones de KM2. Ha desaparecido el 60%, 6 millones de KM2 (12 veces el tamaño de España. . . ), 3 millones de KM2 más de lo previsto por el IPCC. En el pasado verano se ha abierto la ruta polar navegable por primera vez en la historia. A este ritmo de fusión, no quedará nada de hielo estival ártico a finales antes de 2020. . .

Si se funde todo el hielo flotante, en verano, los rayos del sol, que hoy rebotan en el hielo blanco, incidirían sobre un mar azul. . . Calentándolo más que hasta ahora. . . (se calcula que el hielo devuelve el 80% de la radicación que recibe, mientras que los océanos apenas devuelven el 20%). Mayor calentamiento.

Si el calentamiento afecta así al hielo flotante, no veo razones que hagan pensar que el hielo continental sea más resistente a la subida de las temperaturas. Y este hielo continental, formado año tras año en los pasados millones de años, si se funde, irá al mar. Las peores estimaciones hablan de subidas de nivel de decenas de metros. Solo necesitamos unos pocos metros para destruir inmensas tierras cultivables e infinidad de ciudades costeras.

Hay más hechos que realimentan este proceso en círculo vicioso: al calentarse la superficie del mar por encima de determinado umbral, y con una mayor acidificación por el CO2 en disolución, eso afectará a los ecosistemas marinos, reducirá los nutrientes y la población de peces y la capacidad de fotosíntesis de las algas que fijan CO2, entrando en otra espiral de retroalimentación positiva. Menos algas, menos captura de CO2, más efecto invernadero,. . . más calentamiento.

Además, esas algas generan los nuclei que son iniciadores de la precipitación de las gotas de vapor de agua que forman la lluvia. . . Menos algas, implica menos agua dulce y menos nubes. Menos agua dulce implica más sequías, menos alimentos y más desertización. . . más calentamiento. Menos nubes blancas implican menos cubierta blanca reflectora de radiación solar. . . más calentamiento.

Menos agua dulce, más desertización, unido a una incesante deforestación implican menos evaporación de aguas por las hojas de los árboles, menos lluvia, menos nubes, mas radiación. . . más calentamiento al calentamiento.

De alguna manera, si se inicia este proceso, si se traspasa un umbral que nadie conoce, se corre grave riesgo de entrar en una espiral irreversible. Una minoría de científicos, entre los que se encuentra James Lovelock, creen que esto ya ha comenzado.

Algunas partes septentrionales y meridionales se salvaran de lo peor: Grandes zonas de Escandinavia, Canadá y Siberia, en las zonas no inundadas por la subida de los mares seguirán siendo habitables, así como zonas elevadas en los demás continentes, donde siga habiendo lluvia o nieve. Multitud de islas como las Británicas, Nueva Zelanda, Japón serán relativamente poco afectadas por el calentamiento y podrán soportar cierta población y producir alimentos. Los países continentales con baja densidad de población y relativamente septentrionales (Norteamérica, Norte-Europa, Rusia) o meridionales (solo Sur del Chile, de Argentina, Nueva Zelanda) podrán sobrevivir con una fracción de su actual población.

Países más cercanos al Ecuador lo tendrán peor. India, China, Bangladesh, Brasil, Indonesia, Sureste Asiático lo tendrán bastante más difícil, por ser lugares ya cálidos y estar muy superpoblados. Además, son más pobres y no tienen ni los recursos ni la tecnología para afrontar semejante desafío.

La vida en los oasis mencionados (Islas, Norteamérica, Siberia,. . . ) no será como hasta ahora. La vida estará limitada por su propia capacidad de una menor tierra cultivable, escasez de recursos energéticos, incluso espacio vital.

Resulta inimaginable el proceso, la transición de unos países superpoblados a unos oasis con una fracción de la población. Si es repentino, el proceso será la ley del más fuerte. Si es paulatino, no puedo más que imaginar estados de sitio, toques de queda, situaciones de película de ciencia ficción: los más jóvenes, los más fuertes, los más inteligentes, los más poderosos,. . . serán los elegidos para trasladarse a las zonas de seguridad (zonas más elevadas, lejos de las costas, en la parte más próxima a los Polos, en las montañas. . .). Imaginad el movimiento de refugiados de países menos afortunados hacia los países más frescos, menos afectados por las sequías o las inundaciones. . . Imaginad la reacción en estos países. . .

Las habilidades requeridas en el nuevo mundo serán más relacionadas con la agricultura de supervivencia que con el software o la vida urbana de nuestro tiempo. . . Pero no quedan granjeros de supervivencia, solo quedan tractores y cosechadoras manejadas por mecánicos que no saben nada de agricultura sostenible. . .

Otro tema preocupante es que habrá rupturas bruscas en las cadenas de suministros de alimentos, de electricidad, de casi todo. Las centrales de generación de energía, las líneas de alta tensión que queden en zonas anegadas, puertos anegados,. . . no serán capaces de suministrar electricidad a las ciudades. El comercio internacional casi desaparecerá por un tiempo. Cuesta creer que un país deje salir petróleo, carbón o gas natural por barco, oleoducto o gaseoducto. . . para atravesar zonas arrasadas para llegar a zonas arrasadas. . . La misma argumentación valdría para el comercio de granos, vegetales, carnes, pescados (un mar varios grados más caliente tendrá una fracción de la productividad que tiene hoy. . . ).

Los países, las zonas supervivientes de los países supervivientes se volverán más autosuficientes, en agricultura y en energía.

Los toques de queda, la ley marcial, se impondrán en países con ejércitos y policías poderosos y no corruptos. En una inmensa mayoría, aparecerán los señores de la guerra, mafiosos, poderosos. Organizaciones criminales acostumbradas a imponer su voluntad, a tener unas redes de disciplina efectiva, se impondrán por todas partes. El acceso a las armas, la organización y su experiencia les convertirá en los señores de la guerra que vemos ahora en estados fallidos como Somalia, Sudan y tantos otros.

Epidemias. En semejante situación, en un planeta con 8.000 o 9.000 millones de habitantes, a la primera de cambio, una infección menor como la reciente gripe A puede significar una catástrofe. Qué decir de plagas como el SIDA y otras. . . Pero no hay que ir tan lejos. En ese entorno, recordemos el tsunami en Indonesia o el Katrina en Nueva Orleans. Las aguas apenas subieron un par de metros y ni siquiera de manera permanente: La personas mayores, los dependientes, enfermos en sillas de ruedas, enfermos crónicos de casi cualquier cosa, no tendrán ni el tratamiento ni las medicinas. Los demasiado jóvenes, los demasiado viejos, los enfermos, sencillamente, no podrán sobrevivir. Ni en África ni en Asia, ni en Europa ni en USA.

Megaciudades insostenibles como Manhattan o Miami, Calcuta, Mumbai, Londres, Barcelona, Hong Kong, Shangai o Tokio serán, simplemente, inhabitables en cuanto el nivel del mar suba unos metros. Pero pensemos en ciudades interiores como Sao Paulo, Méjico DF, Madrid, Berlín, Moscú, Beijing, Delhi: Insostenibles sin electricidad o con una electricidad intermitente. Sin cadenas de distribución de unos alimentos mucho menos sofisticados y elaborados como hasta ahora. Si hay cortes de luz cada vez más frecuentes,. . . ¿Quién se va a arriesgar a vivir en una torre de 25 plantas de las miles que hay en Sao Paulo o en Méjico DF? Y, ¿Cómo se organiza el transporte en esas megaurbes si ya no hay suministro fiable de gasolina o de electricidad para el metro y los semáforos?

Y ¿el dinero? Otra tesis. ¿Qué dinero? Con suerte se aceptará efectivo de muy pocas superpotencias. ¿Dólares y Euros? Las cuentas, los ahorros, las bolsas, estarían basadas sobre una ficción, unos apuntes en cuenta en unos sistemas informáticos caídos e insostenibles. En unas ciudades desaparecidas. . . Las bolsas, la renta fija y la deuda pública, en que se materializa en ahorro actual no valdrán nada, ante unas expectativas tan inciertas para empresas y países. Vuelta a patrones de intercambio basados en monedas, metales y piedras preciosas, objetos pequeños y deseados como armas, municiones, joyas. . . Los bienes tendrán escaso valor. Solo tendrá valor la capacidad de generar valor instantáneo. La capacidad de producir alimentos en una huerta de agricultura de supervivencia. . . protegida por qué derechos de propiedad? La gente querrá tener armas de fuego y municiones en sus casas para proteger a los suyos, sus cuatro gallinas y sus cuatro patatas. . .

El proceso no será igual en todas partes a la vez. Empezara poco a poco. Hay quien dice que ha empezado ya en África, en Australia, en los Polos, en Groenlandia, en los glaciares de los Andes, Alpes, Himalaya,. . . Y con todas esas masas de refugiados con origen en Sudan, Somalia, Etiopia, Eritrea y tantos países subsaharianos, asiáticos o sudamericanos, que huyen de una muerte cierta arriesgando una vida que no valoran, para llegar a Europa o América. . .

Todo eso provocará una feroz competencia sobre unos recursos cada vez más escasos. Inicialmente, de manera continua, creciente. . . para romper en discontinuidades cada vez que se produzca un fallo abrupto de una cadena de suministros de alimentos o de electricidad. . . Esto seguirá con disturbios locales, continuará con disputas de carácter civil y terminará en guerras y epidemias. Guerras civiles y entre países. Incluso guerras preventivas, de países poderosos y aislados que quieran ¿proteger¿ a sus ciudadanos, amenazados por refugiados que huyen de la desolación en sus países y que, necesariamente, no traen consigo mas que su desesperación, hambre y enfermedades. . .

Si todo esto pasa, va a ser tremendo.

Si todo esto pasa, la presencia humana en los países pobres va a reducirse dramáticamente. Los países situados en torno al Ecuador y no demasiado elevados van a sufrir inundaciones, van a perder las mejores tierras cultivables, van a tener olas de calor, sequías, ciclones, monzones. Pavoroso. Van a perder la inmensa mayoría de sus pobladores. Apenas sobrevivirá una fracción de jóvenes sanos y fuertes. Algunos se quedarán en las zonas elevadas, a salvo, en sus propios países. Otros tratarán de llegar a los oasis más al norte o más al sur. . . donde no va a ser fácil que les dejen entrar.

Si todo eso pasa, las grandes potencias actuales, EEUU-Canadá, la Unión Europea, Japón, Rusia,. . . van a experimentar unos shocks tremendos en población, en energía, en la capacidad de producción de alimentos, en una reducción de su espacio vital y terreno cultivable.
Cuanto más elevada latitud y altitud más soportable será el nuevo clima. La dependencia de materias primas exteriores será casi nula. Por la pura lógica de que nadie querrá prescindir de recursos escasos. Ya nadie dudará del efecto de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) en el calentamiento global.
Aún así, supervivientes en países del Golfo, Australia, Sudáfrica, China, Rusia, seguirán quemando carbón, gas y petróleo de manera furtiva. Y tratarán de vender esos combustibles a los países supervivientes. Rusia y EEUU-Canadá seguirán teniendo recursos ingentes de gas, carbón y petróleo. Es de esperar que tengan perfeccionada la tecnología de captura y secuestro de los gases de la combustión (enterramiento de CO2 gaseoso o su conversión en carbonatos de magnesio o similar solución sólida estable).

La energía nuclear será la única medio autóctona. La energía hidroeléctrica dependerá de una nueva topografía, nuevos regímenes pluviales,. . . La eólica también habrá sufrido importantes cambios, pues los vientos dominantes de principio del S. XXI habrán cambiado, algunas líneas de transporte habrán quedado anegadas, la fotovoltaica se habrá descentralizado, cada vez más las casas, granjas, parques, tendrán sus propias placas para usos individuales. . . Es también posible que haya turbinas eólicas domesticas (en patios traseros) o de tamaño municipal (en montes y solares municipales), de reducido tamaño. Sin embargo, será difícil reponer y reparar esas placas y esas turbinas, pues sus fábricas dejarán de fabricar esos materiales o lo harán a precios prohibitivos. La energía nuclear será todavía de fisión de uranio, plutonio o torio, porque no habrá habido tiempo para desarrollar comercialmente la nuclear de fusión de deuterio. . .

La UE tiene una opción, frente a la fragmentación insolidaria del Reino Unido, Escandinavia, Rusia, Japón o USA-Canadá, que irán a la suya, al ¿sálvese quien pueda¿. La producción de alimentos será mucho más penosa, en menos terreno, con menor productividad. No habrá casi trafico marítimo (no habrá puertos. . . ). Ni será fácil imponer la ley ante piratas que infestarán todas las costas. A falta de combustible, muchos de estos barcos serán veleros. El tráfico aéreo será un recuerdo y la aviación será primordialmente militar. . .

Parece evidente que, si todo eso pasa, en ese mundo no hay cabida más que para una fracción menor de su población actual. Varios cientos de millones? Superar los mil millones me parece casi imposible.

Y, ¿Quién decide quién entra en las Nuevas Arcas de Noé? Pues, como decía antes, una fracción de la población se autoexcluirá, porque no podrá soportar los cambios, el deterioro de los servicios públicos, la falta de alimentos y de medicamentos, la desaparición de las pensiones, de los ahorros, el enfrentamiento civil, las guerras preventivas, civiles, de mafias, de países. O sea, los jóvenes y fuertes sobrevivirán a los mayores y a los débiles.
La segunda criba la harán los políticos, los ejércitos, las policías y las mafias. Los criterios serán una combinación de objetividad y arbitrariedad: la edad y la salud será clave. La formación científica y académica también. La experiencia en labores necesarias también. Eso incluye agricultores, mecánicos, fontaneros electricistas. Ingenieros, médicos, científicos, deportistas, militares, policías...No faltarán financieros, empresarios, sacerdotes y políticos. . . Para lo que habrán valido. . .

Esto ya pasó en la Isla de Pascua, en el Yucatán y en tantos lugares. Y por la misma causa: Crecimiento insostenible de la población y destrucción sistemática de su hábitat. Y acabó igual. Solo que a nadie le importó la desaparición de unos miles de indonesios en el Pacífico o unos millones de mayas en Méjico.

Ahora es toda la humanidad sobre la faz de la Tierra la que se dirige al abismo.

Esta resaca está inspirada en la lectura de dos libros y medio de James Lovelock (Las edades de Gaia, La venganza de Gaia y La evanescente cara de Gaia-Aviso final). Me ha faltado paciencia para esperar a terminar el tercero.. .. ..

Cuando lo acabe os cuento las soluciones que anticipa. No es nada optimista.
Yo tampoco. Ya os lo dije en la columna que escribí el 24 de Septiembre.
Y menos ahora, tras el fiasco de Copenhague.
Si las potencias ni siquiera quieren comprometerse a reducir las emisiones de GEI. . . Si los humanos seguimos comportándonos de esta manera tribal y actuando como si nada. . . pues apaga y vámonos.


Fuente:
http://www.expansion.com/accesible/blogs/lector/92/55954.html

Marcelo
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